31st July, 2009

dopzihon:

Extraño a mi conejo, su última muestra de amor fue haber muerto en mis manos y no entre las pinzas de un carnicero (veterinario), extraño jugar con él, llamarlo y que se levante en sus patas traseras, mire a los lados como si fuese atravesar una calle y se lance insofacto hasta donde esté yo, a él le gustaba olerme todo el tiempo, clavar sus uñitas en mi regazo y que le diera zanahoria por buena conducta.
Extraño en sobremanera leerle Carta a una señorita en París de Cortázar, a él le servía para dormir y a mí para acercarme a su pantomima felpuda.
“He querido en vano       sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela       roída, encerrarlos de nuevo en el armario. El día sube, tal vez Sara se       levante pronto. Es casi extraño que no me importe verlos brincar en busca       de juguetes. No tuve tanta culpa, usted verá cuando llegue que muchos de       los destrozos están bien reparados con el cemento que compré en una casa       inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo… En cuanto a mí,       del diez al once hay como un hueco insuperable. Usted ve: diez estaba       bien, con un armario, trébol y esperanza, cuántas cosas pueden       construirse. No ya con once, porque decir once es seguramente doce,       Andrée, doce que serán trece. Entonces está el amanecer y una fría       soledad en la que caben la alegría, los recuerdos, usted y acaso tantos       más. Está este balcón sobre Suipacha lleno de alba, los primeros       sonidos de la ciudad. No creo que les sea difícil juntar once conejitos       salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados       con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los       primeros colegiales.”

que triste :(

dopzihon:

Extraño a mi conejo, su última muestra de amor fue haber muerto en mis manos y no entre las pinzas de un carnicero (veterinario), extraño jugar con él, llamarlo y que se levante en sus patas traseras, mire a los lados como si fuese atravesar una calle y se lance insofacto hasta donde esté yo, a él le gustaba olerme todo el tiempo, clavar sus uñitas en mi regazo y que le diera zanahoria por buena conducta.

Extraño en sobremanera leerle Carta a una señorita en París de Cortázar, a él le servía para dormir y a mí para acercarme a su pantomima felpuda.

He querido en vano sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela roída, encerrarlos de nuevo en el armario. El día sube, tal vez Sara se levante pronto. Es casi extraño que no me importe verlos brincar en busca de juguetes. No tuve tanta culpa, usted verá cuando llegue que muchos de los destrozos están bien reparados con el cemento que compré en una casa inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo… En cuanto a mí, del diez al once hay como un hueco insuperable. Usted ve: diez estaba bien, con un armario, trébol y esperanza, cuántas cosas pueden construirse. No ya con once, porque decir once es seguramente doce, Andrée, doce que serán trece. Entonces está el amanecer y una fría soledad en la que caben la alegría, los recuerdos, usted y acaso tantos más. Está este balcón sobre Suipacha lleno de alba, los primeros sonidos de la ciudad. No creo que les sea difícil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales.”

que triste :(


 

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